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Personajes Típicos de la Ciudad

Antiguamente, el comercio no era como lo conocemos actualmente, donde existe el comercio establecido con tiendas y malls en los que puedemos comprar todo lo que queremos. Antes, en las ciudades desde temprano en la mañana múltiples vendedores ambulantes recorrían las calles de Santiago, ofreciendo sus productos. Los transportaban a lomo de mula en grandes cajas de cuero o canastos e iban de casa en casa a venderlos. Allí la gente le compraba carnes, hielo traído de la cordillera, brevas y sandías, pasto para los animales, dulces y leches, velas e incluso agua.
Muchos de estos personajes todavía recorren las calles de Santiago, aunque han variado sus características.

Algunos de los personajes típicos de la ciudad eran:

El Aguatero

Se desplazaba a caballo llevando agua en un barril, la que vendía entre los vecinos. Antiguamente no existía agua potable limpia para beber y cocinar, por lo que este personaje era muy importante en la vida de las personas.

El Dulcero

Paseaba por la calles vendiendo dulces y pasteles llevándolos en un canasto de mimbre.

Dulces caseros, dulces de Curacaví, dulces de La Ligua además de caramelos artesanales, formaban parte de su mercadería

El Lechero

Llevaba la leche en dos tarros llenos, cargados en una mula o caballo. Pasaba por la calles ofreciéndola y de las casas salían las mujeres con los jarros para que se los llenara con leche recién ordeñada.

El Organillero

 

Un personaje típico de los barrios de Santiago era el organillero. Se lo veía pasar con la pesada caja del organillo cargada en la espalda, bien agarrada de la ancha correa que le cruzaba el pecho. En una mano llevaba la jaula con el lorito amaestrado, y en la otra el manojo de elásticos desde donde colgaban pelotas de aserrín forradas con papeles de vivos colores.
Al llegar a una esquina cualquiera, donde sabía que aparecerían muchos niños, descargaba su instrumento, colocaba la jaula sobre él, y al poco rato comenzaba a tocar sus típicas melodías. De inmediato, como por arte de magia, de todas partes surgían los chiquillos como respondiendo a un misterioso llamado. Junto con ellos también llegaban coquetonas muchachas, quienes, con el pretexto de vigilarlos más cerca, aprovechaban de saber qué les deparaba el destino; porque ése era el importante papel de la lorita: el pajarraco asomaba su cabeza por entre los barrotes y con su pico pescaba uno de los papelitos del pequeño cajón que se habría bajo su jaula.
Cuando el negocio comenzó a decaer, los organilleros introdujeron nuevas atracciones en su oficio. El más común era un mono tití, al cual vestían con diminutas ropas humanas, y que reemplazaba al lorito con sus gracias y piruetas.

El Sandillero

Vendía pedazos o sandías enteras en la plaza o en las ferias. Era muy solicitado por la gente, sobretodo en los días calurosos en que un sabroso trozo de esta fruta era muy apetecido.

El Chichinero

El HeladeroA veces el organillero aparecía acompañado por un socio: el hombre orquesta o chinchinero. ¡Esto sí que era un espectáculo!. Por que no sólo se dedicaba a tocar el bombo y los platillos, sino que bailaba y hacía verdaderas proezas con su “orquesta” a cuestas, saltando incansablemente sobre la improvisada pista.
Cuando terminaba su espectáculo pasaba con un sombrero pidiendo una colaboración.

 

El Heladero

El helado que ofrecía este personaje no era como los que tú conoces, en esa época el helado era nieve o hielo picado a los que se le agregaba azúcar y sorbetes de frutas o especias. Lo llevaba en un balde protegido para que no se derritiera y los iba sirviendo con una gran cuchara a los niños que le compraban

 

El Motero

Otro personaje característico y muy popular como comerciante callejero es el motero. Cuando su nostálgico grito se oía en las noches, quedabaPersonajes tipicos de Chile – El Motero retumbando como un eco. Comúnmente era un individuo que vivía en las afueras de Santiago y hacía su entrada a la ciudad, especialmente en las noches de otoño e invierno, con un canasto colgando del brazo, cuyo contenido iba cubierto por albos paños que resguardaban el calor de los variados productos que vendía.
Porque no sólo mote de maíz o “motemei” transportaba el motero. En el canasto había también castañas, camotes cocidos, piñones, etc. Este personaje, para iluminar su camino llevaba un farol de confección casera con una vela en su interior.
En medio del silencio y entre el rumor de la lluvia, se abría paso el pregón: “¡Mote’e mei, pelao el meyo, calentitoooo!” grito con el que el motero anunciaba su producto.

El Panadero

Iba en una mula o a caballo con dos grandes canastos a los lados donde llevaba pan fresco. La gente salía de las casas a comprarlo. Actualmente en algunos barrios pasa un señor en un carrito vendiendo pan, este sería el equivalente al antiguo panadero.

El Velero

Vendía velas para iluminar las casas, ya que en esa época todavía no había luz eléctrica. La velas eran de sebo y se hacían a mano en forma artesanal. Este personaje las llevaba colgando de un palo amarradas por la mecha y cuando las vendía las cortaba.